domingo, 9 de abril de 2017

Importante

Nunca pero nunca en la puta vida hay que hablarle a una chica sobre ausencia de sexo.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Cierres y aperturas

No es fácil volver a intentar construir después de ver derrumbarse los esfuerzos una y otra vez. No se trata de confianza porque la esperanza existe y con mucha presencia; creo que es más la preparación defensiva de una caída inminente lo que lleva la tristeza a estar a flor de piel. El sentimiento de que cuando las tablas se tambalean en su mínimo es porque no van a soportar nada pero mientras lo hagan, hay tranquilidad. ¿Por qué no se puede estar preparado para el fracaso? por qué después tantos abandonos propios de ideas, esta vez sí se sufre? ¿Será porque de verdad creer en algo agrava la decepción? Para eso probablemente no hay preparación. Que sea lo que la vida quiera porque yo ya me cansé de creer y abandonar la esperanza.

jueves, 6 de octubre de 2016

Conformismo moderno; dónde quedaron la venas abiertas de América Latina?

Hay muchas conclusiones que uno puede sacar mientras lee Las Venas Abiertas de América Latina pero una que golpea página por página mi cabeza es el hecho de pensar que hoy, en esta generación, ya no se vive como antes el miedo de saber la verdad, el de difundirla y no ser perseguido, fusilado o desaparecido. Ya no hay libros prohibidos quemándose en plazas y ya no tenemos como antes amigos exiliados por proteger su vida. Ya la autonomía universitaria es un chiste comparado con quienes se refugiaban de los militares por su pensamiento. Además ya no se tiene que portar el libro, que además estaba codificado y camuflado en la cuna del niño para no ser descubierto. Ahora tenemos difusión por Internet; la biblioteca y medio de comunicación más amplio en nuestras manos en todo momento. Sin embargo las acciones se limitan -con algunas importantes excepciones- a inmaduros, irrespetuosos e infundamentados gritos por redes sociales. Aparece la preocupación por un tema importante un par de meses y cuando se anuncia otro escándalo se va con el viento como si nunca hubiera existido. Pronto a nadie le van a importar los salarios del ICE como ya a nadie le importa Isla Calero o la trocha. Mientras, los espacios de verdadero cambio están tomados por quienes siguen vendiéndonos la idea de que una Latinoamérica separada y dependiente de los mercados de los países ricos es la mayor bendición que este maltratado continente haya podido recibir. Hacen falta las acciones verdaderas, dígase investigaciones, mesas de propuestas, foros, conversatorios, etc. que nos saquen este espejismo en el que vivimos donde la situación general parece un mar enfurecido e incontrolable en el que cada uno tiene que buscar su propio salvavidas y buscar su miserable salvación. 


Mientras, el peligro es que en vez de movernos, hemos llegado a creer que el cambio no es posible y que tenemos que unirnos a este rompecabezas donde tenemos que calzar, que estamos destinados a ser los peones del ajedrez del mundo. Nos hemos conformado con la idea de que los cambios tienen que hacerlos otros y que todo es cada vez peor. Nos seguimos dejando separar tanto entre naciones como dentro de nuestro mismo país. Hemos dejado de creer que ayudar al hermano es ayudarnos a todos. Creemos que los problemas no se resuelven con solidaridad sino mano dura y que debemos entrenar más policías que maestros. Creemos que la inversión en infraestructura debería tener como prioridad prisiones sobre las escuelas. Hemos llegado a cegarnos a tal punto que no entendemos que algunas “molestias” son el costo de que todos tengamos suplidas las necesidades básicas. La ignorancia ha convencido a muchos de que el sistema que por tantos años ha sostenido a Costa Rica en niveles altos de vida y que da oportunidades de crecimiento es el que debemos desmantelar. 

viernes, 23 de octubre de 2015

Hoy me di cuenta de que todavía la quiero

Cuando ha pasado mucho tiempo desde que se dejó de ver una persona amada, se torna confuso saber si todavía queda cariño. Más que por conveniencia, uno se obliga a creer que ya el corazón es insensible tanto a su presencia como a su recuerdo.
Hoy me di cuenta de las manera más profunda y extraña que todavía la quiero. No sé si de la misma manera, no sé si con la misma intensidad pero sentí la brasa encendida en lo más profundo, con el sentimiento más sincero de todos: la tristeza.
Uno no va a funerales directamente a despedirse del ausente. Por un lado se sufre su despedida y por otro su recuerdo es lamento para el corazón. Sin embargo los funerales, las velas y las misas se viven en grupo por un motivo; la tristeza que ahí se vive debe ser compartida por quienes sienten también el dolor y por quienes son fuertes para apoyar.
Nosotros nos quisimos en el alma y si no fuera por eso no nos hubiéramos apoyado en cuatro muertes enormemente devastadoras, dos suyas y dos mías. Fuimos uno en el dolor; la venda en la herida, la muleta en la fractura, la medicina en la enfermedad, la meditación en la ausencia. Ese amor es difícil de entender, no es tan difícil regalar una sonrisa pero un consuelo no es igual. Aprendemos mucho en la felicidad pero estamos acostumbrados a huir de la tristeza. Y es precisamente por eso que no cualquiera persigue a quien huye internamente del dolor para ayudarle a aliviar esas penas.
Hoy en mi negación no fui por ella, ella no fue mi motivo, fui por otros, mi cariño y consuelo iban por otros. Pero al final no hubo nadie como ella a quien se me hiciera más fácil dar amor para cubrir su llanto.

martes, 29 de septiembre de 2015

¿Qué es el amor? ¿Con qué se come?

¿Qué es el amor?
Hay quienes dicen que el amor se da, pero si se da entonces ¿hay cantidades de amor, así tipo 2 kilogramos de amor o 2 litros y medio de amor? ¿Se da poco amor o mucho amor? ¿Y cómo se da el amor, se entrega personalmente?¿Existe la entrega de amor a distancia? en estos tiempos modernos ¿se puede pasar como un archivo adjunto?

Y ¿a quién damos amor? he oído que no hay mayor amor que el de una madre pero también he oído de quienes han muerto de amor (¿será falta de, más bien?) hay quienes aman a su perro, hay quienes aman la playa, dicen que el amor de hermanos es inquebrantable, hay quienes aman su trabajo y quienes aman la comida, quienes hacen el amor, (¿para después darlo, cómo había preguntado antes?) hay quienes hablan de otros como que "son un amor" hay quienes llaman a otras personas "mi amor"

Está claro que el concepto de amor que ronda, no es concreto, es algo así como los consejos. Yo te aconsejo o te doy consejos, igual el amor se da o alguien lo manifiesta pero entonces ¿qué tiene que ver el "enamorarse"? ¿también puedo enamorar o dar "enamoramiento? más importante, ¿eso implica amor? también he oído de quienes dicen enamorarse de ropa, quienes se enamoran de gente que ven en los medios y que ni conocen, quienes se enamoran de alguien que a las semanas odian, quienes se enamoran con alcohol, quienes se enamoran y nunca se desenamoran, quienes se enamoran sin intención de dar amor y viceversa: quienes aman sin nunca enamorarse.

¿Y qué tal si el amor no es algo que se pueda dar?, ¿qué tal si más bien ¿se manifiesta?  ¿sería posible que una persona se "convierta en amor" y así da todo de sí mismo y por eso pasa a ser el amor de otra persona? ¿de está forma podría emanar de sí mismo el amor en que se ha convertido? ¿será que para poder "dar amor" debe uno ser amor primero?

¿Qué tal que hayan diferentes tipos de amor y por eso damos amor distinto a un perro que una tía y qué a una pareja, como si fueran amores de diferentes colores, pero que puedan pintarse con la misma intensidad?

Pero mi mayor duda es ¿Puede alguien amar realmente a otra persona por quien no moriría de amor? y al mismo tiempo ¿Puede una persona recibir el amor de otra que moriría de amor si ella no puede morir de amor?

¿Si el amor guía, a qué dirección dirige?

jueves, 16 de julio de 2015

Por una pata quebrada

Hola, vieras que estuve reflexionando y meditando un poco después de quebrarme el pie. Quiero contarte porque siento que más que perjudicarme, la experiencia me ayudó a darme cuenta de la manera en que yo estaba manejando mis situaciones difíciles y siento que vos podrías entenderme de alguna forma. 

Creo que de alguna forma me había acostumbrado a contar siempre con alguien en los momentos más angustiantes; siempre sentí, tal vez inconscientemente, que cuando ya estuviera cerca de caerme, alguien más iba a estar para mí. Casi que una prioridad en mis amigos era la confianza que podía tener en ellos porque sabía que mis palabras iban a ser escuchadas y que a cambio iba recibir consuelo y soporte. 

Poco antes del incidente que me dejó sin caminar un mes, no sentí -en el sentido que expliqué antes- que tuviera realmente a nadie. De alguna manera empeoró todo porque me sentí abrumado con todos mis problemas y angustias en soledad. A eso se le sumó el enojo que trae la tristeza; el reclamo que dirige uno al mundo por darle a uno la espalda, que es estruendoso pero al mismo frustrante porque no hay a quien dirigirlo. Apunté con un dedo índice mental y resentido a todos quienes yo sentí que no estuvieron para mí, probablemente a quienes más me quieren en esta vida. Eso creció hasta que un día lo tuve que sacar. Esa parte no la voy a describir. 

Ya en mi cama mirando la venda que cubría el pie me di cuenta de muchas cosas: comprendí que la soledad en la que tanto me sentí no era más que una ilusión creada por mi poca capacidad de enfrentarme a mí mismo. Entendí que aunque todos mis amigos hubieran estado ahí para mí, a quien yo más necesité y quien estuvo más ausente fui yo mismo; yo debí haber sido mi soporte, entenderme, quererme y consolarme. Llevarme a hacer todo eso que me hace feliz, a mostrarme que la vida es más que ese montón de problemas. Yo debí haber sido quien, cuando estuve a punto de caer, tenía que darme una mano. Aprendí que con quien más he tenido problemas en estos tiempos ha sido conmigo mismo. Yo he sido el partícipe de mis actos pero al mismo tiempo me abandoné cuando tuve que enfrentar lo que esos actos me hicieron sentir. Y no es que me esté echando una carga de culpa por mis problemas, es sólo que no había entendido la ayuda que yo mismo me tenía que dar.

Ya no estoy resentido con nadie, no estoy enojado y no me siento solo. Estos días he pasado muy buenos momentos con mis amigos incluso de una manera mejor y diferente porque ya no los juzgo, no los necesito-en el mal sentido de la palabra-. En cambio disfruto y aprecio su compañía valiosa y única. Entiendo su aporte en forma de la felicidad que se crea cuando se comparte y los quiero probablemente todavía más que antes. 

Esta es, por su puesto, mi manera de ver la vida. No pretendo que ni vos ni nadie piense como yo si no le parece. Puede que incluso cambie de nuevo con el tiempo, eso nunca se sabe. 

Te mando un abrazo y te quiero mucho. 

jueves, 25 de junio de 2015

Así

Veo una foto y hasta su olor me viene a la mente.